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Por qué mis alumnos ya no saben leer: lo que 10 años de clases particulares me enseñaron

Por Solange Ailén Valente 8 min de lectura
Por qué mis alumnos ya no saben leer: lo que 10 años de clases particulares me enseñaron

¿Qué está pasando con los estudiantes?

He dado clases particulares de todo tipo por más de 10 años a alumnos de diversas edades, yendo desde el principio de la educación primaria hasta finalizar la secundaria o bachiller, e inclusive adultos. Tan solo desde mi experiencia personal, puedo afirmar que las problemáticas que se visualizan hoy en día no son las mismas que se veían hace 15 años. Dificultades cada vez más frecuentes y graves para aspectos como sostener la atención o focalizarla en algo específico, entender conceptos matemáticos o encontrarles un sentido a sus reglas, problemas para expresarse, niños con ansiedad desde una edad muy temprana…

Pero lo que más estoy viendo últimamente y, de las cosas que más me preocupa, es lo poco desarrollada que viene estando la habilidad de comprensión de textos en la sociedad joven. ¿Cómo podemos ayudarlos a estudiar si llegan a la adolescencia sin saber leer?

La lectura, un derecho que no podemos dar por sentado

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la cultura (UNESCO, 2026) reconoce a la alfabetización como un derecho humano fundamental. Es la base para adquirir conocimientos, habilidades, valores, actitudes y comportamientos que fomenten la paz. Además de ser una forma de combatir la pobreza y la desigualdad.

Tecnología en la infancia: ¿prohibirlas o permitirlas?

El avance de la tecnología y el boom de las redes sociales ha generado cambios en todos los aspectos de la vida humana. Esto no va de demonizar este avance, sino de mirar con honestidad tanto sus beneficios como sus efectos adversos en la sociedad y de tomar las precauciones necesarias antes de exponer a niños cuyo cerebro todavía está en pleno desarrollo.

El aporte de las TIC al aprendizaje colaborativo

Se puede decir que, por un lado, las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) potencian el aprendizaje colaborativo, ya que facilitan la interacción y el intercambio de ideas entre estudiantes. A su vez, esta dinámica cooperativa fortalece la comprensión lectora al favorecer la construcción conjunta de significados.

Además, se desarrollan competencias digitales fundamentales para el contexto actual. De acuerdo con Alarcón y García (2022, citado en Borbor Tomalá, 2024), la capacidad de emplear las TIC de forma eficaz, buscar y valorar información en línea, utilizar herramientas digitales y comunicarse apropiadamente en entornos virtuales resulta cada vez más indispensable, tanto a nivel académico como profesional. En este sentido, integrar las TIC en el desarrollo de la comprensión lectora contribuye también a fortalecer estas competencias digitales (Borbor Tomalá, 2024).

Cuando la pantalla juega en contra

Sin embargo, tener tecnología a mano no asegura, por sí solo, ningún progreso en la comprensión lectora: todo depende de cómo se empleen estas herramientas. Sumergirse demasiado en un entorno digital puede terminar dificultando la adquisición de las habilidades lectoras que se desarrollan de forma tradicional (Ruiz, 2026).

Para Arab y Díaz (2015, citado en Ruiz, 2026), abusar de redes sociales como TikTok o WhatsApp sin la supervisión de un adulto trae consecuencias negativas comprobadas en distintos aspectos: la memoria, la capacidad de concentración, el rendimiento cognitivo y los tiempos de reacción.

Lo que muestra el informe PISA 2022

PISA (Programme for International Student Assessment) es una evaluación comparativa internacional, promovida por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) junto con los países que participan en ella. De acuerdo con los resultados de la edición 2022, la cual evaluó a 690.000 estudiantes de 80 países, el rendimiento medio de los países más desarrollados cayó 15 puntos en Matemáticas (equivalente a tres cuartos de un año escolar) y 10 puntos en Lectura (medio año lectivo). La propia OCDE señala que el promedio jamás había variado más de cuatro puntos en Matemáticas ni más de cinco en Lectura entre evaluaciones sucesivas, pese a que en este ciclo transcurrieron cuatro años desde la medición anterior (RTVE.es, 2023).

Figura 1

Evolución de los rendimientos medios estimados en lectura entre 2012 y 2022 para España, el Promedio OCDE y el total UE

La figura 1 presenta las variaciones producidas entre 2012 y 2022 en el rendimiento medio estimado en lectura, en España, los países de la OCDE y de la UE. Varios países han sufrido descensos significativos, incluyendo a España con una disminución de 14 puntos

Nota. La figura 1 presenta las variaciones producidas entre 2012 y 2022 en el rendimiento medio estimado en lectura, en España, los países de la OCDE y de la UE. Varios países han sufrido descensos significativos, incluyendo a España con una disminución de 14 puntos (INEE, 2023).

El costo invisible: salud mental y atención

El uso de redes sociales también repercute en el bienestar psicológico de los más jóvenes. Las cifras son alarmantes: un 66,4% procrastina, un 37,5% reporta estrés, un 27,9% ansiedad, un 55,1% aislamiento, un 26,9% pérdida de la noción del tiempo, un 60,8% insomnio, un 44,9% dificultad para concentrarse, un 28,9% baja autoestima y un 23,6% bajo rendimiento académico, entre otras consecuencias (Robledo et al., 2025).

Desde el plano neurológico, el consumo constante de contenidos digitales breves, atractivos y de acceso inmediato (como vídeos, memes, notificaciones y mensajes) activa los circuitos de recompensa cerebral, en especial los vinculados a la dopamina, el neurotransmisor ligado al placer y la motivación. La consecuencia es una inclinación a postergar tareas importantes a cambio de gratificaciones inmediatas (Robledo et al., 2025).

Cuanto más se acostumbra el estudiante a este tipo de estímulo rápido y permanente, más tolerancia desarrolla su sistema nervioso: la misma dosis de uso deja de generar la misma satisfacción emocional que antes. Así se instala un círculo vicioso, donde se necesita cada vez más tiempo conectado para sentir el mismo nivel de gratificación inicial. El desenlace es una espiral de dependencia que no solo compromete el bienestar emocional, sino que también erosiona la capacidad de concentrarse, planificar, ejecutar tareas y sostener la disciplina que exige el estudio (Robledo et al., 2025).

Por qué falla la comprensión lectora

Almeida (2022) identifica varios factores que explican los bajos niveles de comprensión lectora:

  • La falta de lectura o un nivel insuficiente de esta
  • Dificultades en la decodificación: es decir, en transformar los signos escritos en los fonemas correspondientes, uniendo sonidos y reconociendo palabras
  • Confusión respecto a lo que exige la tarea
  • Vocabulario pobre
  • Escasos conocimientos previos
  • Problemas de memoria
  • Desconocimiento de estrategias de comprensión
  • Poco control sobre el propio proceso de lectura
  • Baja autoestima
  • Desinterés o falta de motivación
  • Uso excesivo de tecnología: perjudicando mayormente a la autoestima y la concentración.

Algunas claves para revertir la tendencia

Según Robledo et al. (2025), prevenir este escenario requiere adoptar ciertas medidas:

  1. Cultivar vínculos cercanos con las personas importantes, dedicándoles tiempo de calidad
  2. Impulsar actividades libres de pantallas
  3. Fijar horarios y límites claros de uso diario
  4. Trabajar la educación emocional y la salud digital
  5. Construir un proyecto de vida: tener un propósito reduce el uso excesivo de las redes.

Vale aclarar que no abordé aquí el impacto de la inteligencia artificial en la procrastinación y en las habilidades de lectoescritura, porque el artículo se extendería mucho más de lo planeado. Aun así, queda claro que usar la tecnología con conciencia y límites es imprescindible para favorecer el aprendizaje y el desarrollo evolutivo saludable de los niños.

Después de más de una década escuchando a chicos que no logran entender lo que leen, no creo que la solución pase por culpar a la tecnología ni por idealizar cómo se estudiaba antes. Pasa por acompañar: estar presentes, poner límites con criterio y no delegar en una pantalla lo que un adulto todavía tiene que enseñar. Ahí es donde, como docentes y como familias, tenemos más para hacer de lo que solemos creer.


Bibliografía

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